Viaje a Israel
Viaje a Israel

UN ÁRBOL QUE ENDULZA LAS AGUAS

Hay verdades en la Palabra de Dios que solamente se pueden entender por revelación divina. El pasaje de Éxodo 15:22-27 es un buen ejemplo de ello. El pueblo de Israel había sido redimido de las cadenas de opresión de Egipto y del dominio feroz de Faraón. Tras el cruce del Mar Rojo, los redimidos anduvieron tres días por el desierto del Sur sin hallar agua. Entonces llegaron a Mara, pero no pudieron beber sus aguas porque eran amargas. En su desesperación el pueblo murmuró contra Moisés y éste clamó a Dios. La respuesta divina fue revelación. La misma contenía algo aparentemente insólito e incomprensible. Dios le mostró un árbol. Al tomarlo y echarlo en las aguas, estas se endulzaron.

En primer lugar, Israel es un tipo de la iglesia, pues como él, ella es también pueblo escogido por Dios (Dt 7:6; 1 P 2:9). Dios amó a Israel, y amó también a la iglesia (Os 3:1; Ef 5:25). Igual que la experiencia de los Israelitas en Egipto, cautivos de Faraón, cuando estábamos sin Cristo éramos cautivos de Satanás y del pecado (2 Ti 2:25,26). Así como los hijos de Israel untaron la sangre del cordero pascual en los postes y dinteles de sus casas para ser librados de la muerte, y así como pasaron el Mar Rojo y fueron salvados del dominio de Faraón, es la fe en la sangre de Cristo el medio para nuestra eterna salvación (Ex 12:13;14:15-22; Ro 3:25,26). Así como los israelitas redimidos tuvieron que atravesar el desierto después de haber sido librados de Egipto, los hijos de Dios, después de haber sido salvos, también tenemos que atravesar desiertos espirituales donde nuestra fe es probada (Ex 15:22; 1 P 1:7). Y así como a ellos les había sido prometida una tierra que fluye leche y miel, a nosotros se nos ha dado, a través de Cristo, el cielo como nuestra herencia eterna (Ex 3:8; 1 P 1:3,4).

En segundo lugar, las aguas amargas de Mara manifestaron que había áreas en la vida de aquellos salvados, que todavía no estaban bajo el total control de su Dios. Cuando enfrentaron esta primera adversidad, no confiaron en el Señor quien ya había hecho tantos portentos de salvación a su favor. En lugar de ello hablaron contra Moisés. Podemos haber recibido a Cristo y haber nacido de nuevo y todavía necesitar rendir la vida totalmente a Dios. La salvación es instantánea al arrepentimiento y a la fe, pero la entera consagración es un reto diario del creyente. La rendición de la vida en forma plena al Señor puede tomar toda la vida. En realidad, las aguas amargas de Mara eran un paralelo con la amargura que todavía se podía esconder en los corazones de los hijos de Israel. Así que, en el obrar divino para endulzar las aguas de Mara, estaba también incluido, el tratar con el carácter de aquellos beneficiados. Por tanto, Dios tenía un medio especial para endulzar lo amargo en el entorno y para rectificar interiormente los corazones.

Tercero, aquel árbol que Moisés echó en las aguas era tipo de la Cruz de Cristo. La cruz no sólo sirve para librarnos una vez de la ira de Dios a causa de nuestros pecados pasados. La necesitamos para nuestro diario vivir, porque ella es la solución para la carne, la cual lucha contra el Espíritu y con la cual tenemos que lidiar mientras caminamos a nuestra Canaán. La necesidad aparente de los hijos de Israel era solo de agua dulce. Pero Dios vio la necesidad interior de morir en cuanto a Egipto, de despojarse de un modo de vida que reñía contra la santidad de Dios. Por ello, en lugar de solamente dar una orden a las aguas que se endulzaran, le mostró a Moisés un árbol, el cual, echado en las aguas cambiaría la nomenclatura química del preciado líquido, y a la vez, nos dejaría un mensaje sobre la necesidad de tomar la cruz cada día para hacer morir lo terrenal en nosotros (Ver Col 3:5). Eliseo vio también el beneficio de un árbol, cuando un hacha prestada de los hijos de los profetas se cayó al rio Jordán, y el profeta cortó un palo, lo echó en el rio, y el hierro flotó (2 R 6:5-7). Hageo vio también en la madera el material correcto para reconstruir la casa de Jehová: Subid al monte y traed madera y reedificad la casa de Jehová(Hag 1:8). Todo ello habla de la cruz. Es la obra de Cristo en la cruz, lo que endulza el corazón frente a los sinsabores de la vida. Es en la cruz de Cristo donde podemos recuperar el filo perdido del ministerio. Es el mensaje de la cruz lo que levanta de las ruinas la Casa de Dios, la iglesia. En el escenario de Mara, el mensaje de Dios parecía inclinar la mirada más a la sanidad de ellos mismos, que a la simple sanidad de las aguas. El contexto del pasaje presenta a Dios prometiéndole al pueblo sanidad y no solamente a las aguas. “… ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador” (Ex 15:26).

Finalmente, sólo después que aquel árbol hizo su efecto en Mara, los hijos de Israel quedaron listos para recibir los estatutos y las ordenanzas del Señor. A partir de ahí Dios les habla de su deber de oír atentamente la voz del Señor su Dios, hacer lo recto delante de sus ojos, dar oído a sus mandamientos y guardar todos los estatutos divinos. Es únicamente la cruz de Cristo la que nos permite sujetarnos a los requerimientos divinos y producir el fruto digno de la vida cristiana. Entonces, cuando aquel árbol hizo su efecto en las aguas de Mara y en los corazones de los hebreos redimidos, ellos pudieron llegar a Elim, y descansar allí frente a doce fuentes de aguas y setenta palmeras. ¡Cómo armoniza esto con lo que dijo Cristo a sus seguidores: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, ¡y yo os haré descansar (Mt 11:28)! Venir a él es venir a la cruz, es morir al ego, al orgullo, a la vanidad, y ese punto de muerte es el comienzo de la verdadera vida.

Amados, la vida cristiana comienza en una cruz y durante todo el peregrinar de nuestra fe, es precisamente esa cruz la que nos mantiene cerca de Dios y de sus beneficios eternos. Vayamos al árbol del Calvario a través de la fe, y allí, crucificados con Cristo, hallaremos dulce comunión y descanso verdadero para nuestro ser.

¡Nos falta poco para llegar a Canaán!

Con todo amor, vuestro servidor,

Pst. Eliseo Rodriguez.

El Dr. Eliseo Rodríguez es el Pastor Principal de la Iglesia Evangélica Monte de Sion en la ciudad de Miami. Es además Miembro de la Junta Directiva de la Universidad UNPI, y escritor de varios libros, tales como, El Cordero Inmolado, Acontecimientos del Fin, entre muchos otros. El pastor, posee una vasta experiencia en el campo misionero Internacional. Ha viajado por Norte, Centro, Sur América, El Caribe, el Medio Oriente y el Norte de África, llevando las Buenas Nuevas de Salvación y Equipando al Cuerpo Ministerial.