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SI TAN SOLO PUDIERA MIRARLO

Una de las amenazas más grandes a la iglesia de Jesucristo es el presentar un evangelio donde se anima la fe a base de conveniencias. La doctrina de la reciprocidad divina (He 11:6 b) a veces ha sido leudada y, en la mixtura, se percibe más interés en beneficiarse de Dios, que en adorarlo. La Biblia es un libro balanceado en todas sus verdades. Dios puso delante de Israel camino de vida y camino de muerte e instó a su pueblo a elegir la vida (Dt 30:19), les avisó de las bendiciones que trae la obediencia y de las consecuencias que trae la desobediencia (Ver Dt 28). El mismo Dios que es amor, es también fuego consumidor (He 12:29). La fe va aparejada de las obras, porque la primera sin la segunda, es muerta (Stg 2:20,26). Así que, no puedo exagerar la fe en detrimento de una vida piadosa, y no puedo pretender vivir una vida piadosa si no tengo la fe. Tampoco podemos usar nuestra fe y tratar de divorciarla de la soberanía de Dios. Cuando pidamos a Dios un milagro, debemos escuchar al Maestro enseñándonos a orar: Hágase tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra(Mt 6:10).Por esa realidad, cuando vayamos a hablar de una doctrina, hemos de acoplarla a las demás y hallar la verdad central de la Palabra. Esto nos guardará de caer en la herejía, la cual casi siempre es proveniente de una verdad bíblica que ha sido sacada de su centro. Hoy les presento una perspectiva del cristianismo bíblico que supera todas las buenas ambiciones que podamos tener en nuestra carrera, se trata de mirara Cristo.

Cada vez que anhelamos una de las múltiples bendiciones del Señor nos debemos preguntar: ¿Cuánto valor tiene? Sin duda, hay una que supera a todas las demás, es vera Cristo. La trascendencia eterna que tiene el verlo, es mucho mayor que todas las demás adquisiciones que se vendencomo intercambio de la fe. Por eso, una de las promesas más valiosas que ofrece el Señor a los vencedores es esta: Y verán su rostro y su nombre estará en sus frentes(Ap 22:4).

El Libro de Dios repite con determinado énfasis los anhelos de tantos por ver Cristo y las glorias que resultaron de esa sublime experiencia. Por ejemplo, un hombre pequeño de estatura en Jericó, levantado sobre sus riquezas mal habidas, procuraba ver quien era Jesús. Hizo algo sin precedentes para darle a sus ojos la saciedad. Cuando lo vio, un rato después su vida era totalmente otra. El hecho fue que, mientras Zaqueo lo miraba en silencio desde el árbol, Jesús lo miró desde el camino y le habló. Lo llamó por su nombre y le pidió pasar por su casa y, del tesoro glorioso de su divinidad, Jesús le dio el regalo que todo el dinero de Zaqueo no podía comprar, la salvación (Ver Lc 19:1-10).
En San Juan 12 leemos que gran multitud de los judíos estaba ansiosa por ver a Lázaro a quien Jesús había resucitado de los muertos. Aquel milagro había sacudido a tal manera los cimientos de la religión tradicional, que muchos de los judíos se apartaban de la vana religión y creían en Jesús. Pero hallamos en los versículos 20-26 a unos griegos que estaban entre los que habían subido a adorar, quienes se acercaron a Felipe y le dijeron: Quisiéramos ver a Jesús. La Palabra muestra que se necesita más que una mirada física y que una experiencia humana para entender la dimensión del Hijo de Dios. Se necesita revelación divina. Felipe habría podido ayudar a los griegos a ir a ver a Jesús, pero él mismo carecía un tanto de revelación respecto a la divinidad del Señor. Por eso, Jesús le preguntó exhortándole: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?(Jn 14:8,9).La cultura de los griegos era muy alta. Ellos siempre buscaban sabiduría (1 Co 1:22). Eran amantes de la ciencia, dados al buen vestir, al correcto hablar y daban culto al buen gusto y a la personalidad. Pero sobre toda la finura de su cultura, les faltaba veral más hermoso de los hijos de los hombres (Sal 45:2), a la sabiduría encarnada, al tesoro más grande que hombre alguno puede encontrar en un campo (Mt 13:44). Jesús no cuesta nada al que lo busca, pero el valor que se revela al mirarlo, hace dispuesto al que lo ve a perderlo todo por ganarlo a él. Así lo dijo el apóstol Pablo: Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo(Fil 3:8). Es que Cristo no es sólo sabiduría encarnada, sino poder de Dios y sabiduría de Dios(1 Co 1:24).

Cuando Jesús supo que los griegos lo querían ver, dijo que había llegado la hora para que el Hijo del Hombre fuese glorificado. Entonces enseñó que, si el grano de trigo cae en tierra y muere, lleva mucho fruto. Con esto, Jesús acreditó la vida a la disposición de morir y, el ganarla, la vinculó a estar dispuesto a perderla (Lc 9:24). Para servir a Jesús, hay que seguirle primero, y él promete que, si un siervo suyo cumple ese requisito, será honrado por el Padre. No tengo que vivir canjeando mi fe por el favor de Dios. Por gracia y disposición divinas, cuando imito a Cristo y le sirvo, la honra de parte de Dios está garantizada. Jesús tenía un mensaje para aquellos griegos: El que lo ve, no puede prescindir de tomar la decisión de entregar su vida a él para servirle o de rechazarle voluntariamente para perdición propia.

Cuando Bartimeo abrió sus ojos tras su sanidad, la primera persona que vio fue a Jesús. ¡Qué privilegio, salir de un mundo oscuro y el primer rayo de luz que lo ilumina, presenta a Cristo frente a él! Inmediatamente, el ver a Jesús, lo convirtió en su discípulo, pues seguía a Jesús en el camino (Mr 10:46-52). Cuando el joven ciego de nacimiento fue sanado, el Señor lo halló, luego, y le preguntó: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Al visualizar física y espiritualmente a Jesús, se inclinó y lo adoró diciendo:Creo, Señor…(Jn 9:35-38). El evangelio consiste en una comunión necesaria entre el creyente y su Salvador. La vida cristiana fructífera depende de esa relación, pues Cristo es la vid y nosotros los pámpanos. Sólo el que permanece en él, con una mirada de fe permanente, ese es el que lleva mucho fruto (Jn 15:5). Igualmente, la vida cristiana santificada, está relacionada con mirara Jesús. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor(2 Co 3:18).Moisés vio la gloria de Dios y quedó en su rostro un reflejo de esa gloria (Ex 34:29).
Cuando miramos permanentemente a Cristo a través de la fe, como a Zaqueo, la salvación viene a nuestra casa y como a los griegos, la gloria de Cristo nos es manifestada. Si tan solo podemos mirarlo, como Bartimeo, nos convertimos en sus discípulos y como el joven ex ciego, adoramos. Entonces, llevaremos más fruto y como dice Pablo, seremos transformados de gloria en gloria. Un día estaremos en el cielo, y a pesar de las bellezas de la Nueva Jerusalén, singularmente, Jesús es la lumbrera de aquella mansión. Yo me conformaría estar allí,

Si tan solo pudiera mirarlo.

¡Pidamos al Padre la revelación necesaria para entender que en la comunión con Cristo está la saciedad de todas nuestras expectativas y la solución para todas nuestras necesidades!

En Él,

Vuestro servidor,
Pst. Eliseo Rodríguez.
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