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NAVIDAD

AL ir finalizando el año civil, sobre todo entrando el mes de diciembre, comenzamos a ver todos los adornos navideños. Se hacen planes para visitar a las familias, hay intercambios de regalos y tarjetas, las tiendas lucen sus mejores decoraciones, la música navideña se escucha casi en todos los lugares, las cadenas de televisión proyectan sus comerciales alusivos a la Navidad y las compañías de películas ponen a disposición su mejor variedad para todos los gustos. Los niños ilusionados esperan la llegada del niño Dios, o los reyes magos y a Santa Claus. Todo este ambiente es para darnos a conocer que algo grandioso y muy importante está por pasar, sí, el nacimiento del niño Dios. Pero ¿Qué significa realmente Navidad?

Navidad es el inicio del cumplimiento de la promesa del Padre y las profecías escritas en todo el Antiguo Testamento, es el término de un ciclo de la Historia y el Inicio de otro, es dejar atrás un viejo mundo y comenzar a descubrir uno nuevo, es el nacimiento de una nueva humanidad, es el comienzo de la manifestación plena del amor y misericordia de Dios por nuestra naturaleza humana. Si, esto es realmente navidad, Dios que libremente, por amor y misericordia, decide despojarse, sin renunciar a él, de su rango Divino, para asumir nuestra humanidad en el vientre de la Santísima Virgen María, de quien la recibe directamente en el momento de la concepción cuando la Virgen dice la frase: Hágase (Lc. 1,38). De esta forma tan admirable y al mismo tiempo tan humilde y sencilla, Dios entrar a formar parte de nuestro tiempo, espacio e historia. La locura de amor de Dios está presente en la unión de la Naturaleza Divina con nuestra naturaleza humana, dando a luz de esta formar a una nueva humanidad; una humanidad que inicia el camino metamorfósico transformador, una naturaleza humana que da comienzo a su recorrido de perfección y glorificación, una humanidad que renovará la Creación entera; esa es la verdadera y grandiosa navidad; es la esperanza viva y activa que nos encamina a la felicidad perfecta y eterna; es la presencia del Mesías, del Emmanuel, del Dios con, por y entre nosotros. Dios se ha dignado a escogernos, de entre toda la Creación, para unir su Divinidad transformadora a nosotros, a cada ser humano; sin importar raza, credo, posición social, color, género, etc. Al asumir Dios nuestra naturaleza humana, la Creación completa se postra para contemplar el acto más hermoso, más grandioso e insuperable de amor que Dios ha manifestado en su Ser en sí, a una obra suya; tú y yo: GRACIAS DIOS, MUCHAS GRACIAS.

Por mucho que indaguemos, por muy capaces y estudiados que seamos, nunca lograremos agotar ni poder explicar esta obra que Dios ha realizado en Navidad. Hay que regocijarnos grandemente, hay que doblar nuestras rodillas y caer postrados en acción de gracias por tan gran tesoro que Dios nos ha dado. Si la humanidad lograra comprender, aunque fuera un poquito, lo que significa realmente este acontecimiento; se terminaría todo dolor, aun padeciéndolo; reinaría la paz, la unidad; daría comienzo dentro de cada ser humano el verdadero gozo y la alegría perpetua, consumándose en nuestro encuentro definitivo con el Padre Celestial. Cuanta admiración y alegría siento al comprender que todos aquellos que se nos han adelantado en el viaje definitivo, contemplan gozosos este momento tan especial de navidad, a ellos les ruego que intercedan por cada ser humano, para que podamos comprender, aunque sea un poco, tanto amor y ternura derrochado en este niño de Belén; y a quien nuestra señora de Guadalupe, nos lo trajo en sus entrañas a toda América; para que desde el cerrito del Tepeyac, ilumine la Iglesia Universal y a la humanidad de todos los tiempos. Gracias Dios, porque a través del Emmanuel nos manifiestas tu amor, especialmente a los pobres, los marginados, los que sufren, los humildes y sencillos; en quienes, junto al niño Dios, brilla la luz de la esperanza, Amen.

FELIZ NAVIDAD

 

Humildemente: Jaime Sevilla