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EL DURO PRECIO DE LA INGRATITUD

Ser desagradecidos es una desobediencia a Dios, pues su Palabra ordena: Sed agradecidos (Col 3:15). Sin embargo, ¡en el mundo hay tantas personas desagradecidas! Jesús hizo un milagro en diez leprosos, los cuales debían ser agradecidos, porque los diez fueron sanados. Pero la proporción de gratitud en ellos fue de sólo un diez por ciento. Nueve de ellos se fueron sin cumplir el deber de agradecer al Sanador. Solamente uno vino y se arrodilló ante Él dándole gracias. Pero en realidad, la actitud de la mayoría de los sanados arrojó un cien por ciento de ingratitud en los beneficiarios que pertenecían al pueblo de Dios, porque el hombre que vino a dar gracias no era parte del pueblo judío, sino samaritano.

Ahora, este pasaje aporta nuestra primera evidencia sobre el duro precio que hay que pagar por la ingratitud. Los diez leprosos fueron sanados físicamente, pero los nueve desagradecidos perdieron la oportunidad de salvarse espiritualmente. Lo sabemos, porque al agradecido ex leproso, Jesús le dijo: … tu fe te ha salvado. Los diez habían clamado desde lejos por la misericordia de Jesús, el Maestro. El Señor les ordenó ir y mostrarse a los sacerdotes, quienes, conforme a la Ley, debían verificar el grado de esta terrible enfermedad (Ver Lv 13:1-7). Mientras iban, los diez fueron sanados. Pero el agradecido de ellos fue el único que tuvo el privilegio de estar, no sólo frente a Jesús, sino arrodillado ante él, y recibiendo el bendito don de la salvación (Ver Lc 17:11-19).

En Romanos 1:21-28, se ofrece un cuadro aún más severo sobre la ingratitud humana y el duro precio a pagar por ello. En el pasaje Dios hace evidente que los hombres impíos se portaron desagradecidos con él. La queja es que, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias. No se trata aquí de quienes hubiesen vivido sin ninguna información acerca del Creador. Por el contrario, el pasaje muestra una demanda en los cielos contra aquellos que habían conocido a Dios, habían tenido conocimiento de su eterno poder y deidad a través de las cosas creadas, pero fallaron en cuanto a ser agradecidos. A tal manera tuvieron acceso al conocimiento de la divinidad de Dios y su omnipotencia, que la Biblia sentencia: … no tienen excusa. La existencia innegable del Dios que se ha manifestado de manera tan desbordante al hombre, supone una reacción de nobleza por parte de las criaturas humanas, que conlleve a glorificar al que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay (Hch 17:24). Igualmente, debido a que aún los inconversos son beneficiados por la misericordia de Dios (Ver Mt 5:45), ello debe conllevar a una acción de gratitud hacia el autor y sustentador de la vida. Pero estos, determinaron no tener en cuenta a Dios.

El pasaje muestra que hubo retribución divina por ello, lo cual apoya lo duro que es el precio de la ingratitud. A partir del versículo 24 se muestra que, por su ingratitud, primero, Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones. Por esa entrega, deshonraron entre sí sus propios cuerpos. Esta primera consecuencia revela que fueron entregados por Dios a un desenfreno sin sensibilidad alguna por la piedad. ¡Qué corruptos vinieron a ser, si en su juicio, se mencionan tres palabras altisonantes sobre lo más pecaminoso: inmundiciaconcupiscencias y deshonra! Esto nos recuerda la entrega que hizo Dios de Efraín debido a su maldad: Efraín es dado a ídolos; déjalo.  Su bebida se corrompió; fornicaron sin cesar; sus príncipes amaron lo que avergüenza (Os 4:17,18). Dios es quien puede volver a sí el corazón de los hombres, como lo pidió Jeremías al orar: Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio (Lam 5:21). Pero si Dios entrega a los empedernidos y voluntariamente ingratos a sus propios designios de maldad, ¡qué difícil nos sería verlos entrar en la salvación!

Segundo, en Romanos 1:26, leemos que a los desagradecidos Dios los entregó a pasiones vergonzosas. Por ello, sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza. En el versículo 27 se dice que, igualmente, los hombres desagradecidos con Dios, fueron entregados a cometer hechos de lascivia y actos vergonzosos hombres con hombres. Por ello, recibieron en sí mismos la retribución debida a su extravío. Ello pudiera ser una referencia directa, entre otras consecuencias, a una serie de enfermedades terribles debido a la práctica de su obscenidad.

Tercero, en el versículo 28, nuevamente Dios entrega a los ingratos, y ahora lo hace a una mente reprobada para que hagan cosas que no convienen. Con esta mente bajo juicio divino, pueden creer estar haciendo lo correcto, mientras que, en realidad, hacen lo que es contrario al bien. El desenfreno causado por esa última entrega, deviene en una lista de veintitrés vicios y pecados de donde no parecen salir los que determinan no tener en cuenta a Dios para glorificarle y agradecerle. El versículo 32 concluye diciendo que estos desagradecidos, cometen estos actos de corrupción desenfrenada, a pesar de haber entendido previamente que los que practican tales cosas son dignos de muerte. Mas a pesar de saberlo, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. Participar y complacerse en el mal que otros hacen, es algo que tiene malos calificativos ante los ojos de Dios.

Amados, sirvan estos pasajes sagrados para confirmar en nuestro corazón, por qué es tan vital que tengamos gratitud (He 12:28) El agradecido no es un quejoso por lo que no tiene, sino uno que tiene en cuenta cada beneficio y toda buena dádiva que ha recibido del inmutable Señor (Sal 103:1,2; Stg 1:17). El agradecido nunca se siente miserable, pues sabe que ha sido un depositario de la misericordia de su Dios que es nueva cada mañana (Ver Lam 3:22,23).

¡Seamos agradecidos y así, recibiremos la recompensa que da Dios al que le tiene en cuenta, y no tendremos que sufrir

el duro precio de la ingratitud!

Estemos …arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias (Col 2:7).

Con todo amor,

Pst. Eliseo Rodríguez
www.iglesiamontedesion.org
www.christianzionuniversity.org